
Entrenar en ayunas puede brindar beneficios notables para quienes no tienen enfermedades como la diabetes o trastornos inmunológicos. Esta práctica va más allá de simplemente saltarse el desayuno en busca de perder peso rápidamente; está respaldada por la ciencia. Durante el ayuno de 8 a 12 horas, que coincide con el período de sueño recomendado, el cuerpo disminuye sus reservas de glucógeno hepático, lo que lo impulsa a utilizar más grasas como fuente de energía durante el ejercicio.
Los beneficios del entrenamiento en ayunas incluyen una mayor eficiencia energética, un aumento en la capacidad de almacenamiento de glucógeno y una mejora en la sensibilidad a la insulina. Sin embargo, es importante tener en cuenta que esta práctica puede no ser adecuada para todos los tipos de entrenamiento, siendo más recomendable para actividades cardiovasculares de baja a moderada intensidad.
Según diversos estudios, los ciclistas y maratonistas, han adoptado esta estrategia para mejorar la utilización de grasas durante el ejercicio. Se aconseja haber consumido una cena con carbohidratos el día anterior, realizar entrenamientos cardiovasculares de baja a moderada intensidad y garantizar una adecuada recuperación después del ejercicio.
Cuando comiences a entrenar en ayunas, es esencial tener en cuenta algunas precauciones importantes: comienza suavemente para evitar debilidad o mareos, varía tus ejercicios para evitar la monotonía, maneja el estrés para no sobrecargar el cuerpo y cuida tus músculos para evitar su pérdida.










