
¿Alguna vez sentiste que las emociones te ganan en plena jornada laboral? Que el estrés de los clientes, las metas y los números te dejan sin aire. Bueno, ahí entra en juego la alfabetización emocional, que no es otra cosa que aprender a leer, entender y manejar lo que sentimos.
Y ojo, mientras más temprano lo aprendamos, mejor. Es como cuando te enseñan a leer y escribir de niño, si lo haces pronto, te acompaña toda la vida. Con las emociones pasa lo mismo.
- Porque el cerebro en la infancia es como una esponja, absorbe todo.
- Porque si aprendemos a reconocer la rabia, la tristeza o la alegría desde pequeños, de adultos no nos desbordamos tan fácil.
- En Bolivia, estudios en colegios muestran que cuando los profes trabajan la inteligencia emocional, los chicos mejoran su rendimiento y se llevan mejor entre ellos.
En nuestro país, el Ministerio de Educación ya habla de incluir habilidades socioemocionales en la enseñanza. Falta camino, sí, pero la idea está sobre la mesa. Y en ciudades como Potosí se han hecho investigaciones que muestran que cuando los docentes aplican estas herramientas, los estudiantes se vuelven más empáticos y resilientes.
Pero ¿que debemos hacer?
- Reconocer tus emociones: ponles nombre. Pregúntate “¿qué estoy sintiendo ahora?” y usa palabras concretas (rabia, alegría, miedo, calma). Nombrar es el primer paso.
- Comprender su origen: reflexiona sobre qué situaciones disparan esas emociones. Por ejemplo, un cliente exigente puede activar tu ansiedad, mientras un logro activa tu entusiasmo.
- Expresarlas de forma adecuada: aprende a comunicar lo que sientes sin agresividad ni represión. La comunicación asertiva es clave.
- Regular tus reacciones: practica técnicas como respiración consciente, pausas breves o escribir lo que sientes antes de responder.
- Empatía: intenta ponerte en el lugar del otro. Esto fortalece relaciones y reduce conflictos.
- Bitácora emocional: llevar un diario de emociones durante una semana ayuda a identificar patrones y mejorar tu autoconocimiento.
Antes de atender a un cliente difícil, respira y piensa: “¿qué estoy sintiendo?”.
- Si un compañero te irrita, intenta expresar tu emoción sin atacar: “Me siento frustrado porque…”.
- Al final del día, escribe en tu bitácora cómo te sentiste en distintas situaciones










