
Cuando ayudas a otros, también te ayudas a ti. El voluntariado no solo cambia vidas, también reduce el estrés, mejora tu ánimo y te hace sentir útil y conectado con algo más grande que tú.
Al hacer voluntariado, liberas endorfinas (las “hormonas de la felicidad”), desconectas de tus problemas, fortaleces tu empatía y generas nuevas amistades. Incluso sirve como descanso emocional y mental, porque sales de tu rutina y te enfocas en dar lo mejor de ti.
¿Sabías que?
Estudios muestran que quienes hacen voluntariado con frecuencia tienen menos ansiedad y se sienten más felices.
Ayudar activa zonas del cerebro asociadas al placer, igual que cuando escuchas tu canción favorita.
¡Puedes comenzar con cosas pequeñas!
Visitar un hogar, ayudar en tu iglesia, dar clases de apoyo o simplemente acompañar a alguien que lo necesite.










